Desde pequeño me ha llamado mucho la atención la fotografía. Es posible que sea debido a que era una de las aficiones de mi padre cuando era joven. Tenía una cámara reflex rusa Zenit con la que hacía y revelaba sus propias fotos. Aun estoy esperando a que me enseñe a revelar, pero no hay forma de que se ponga.
Mi primera cámara fue una compacta analógica que me regalaron para usarla en el viaje de fin de curso. Era completamente automática, y sólo había que apuntar y disparar. Recuerdo que hice muchísimas fotos, y que luego al revelarlas en casa me di cuenta que la mayoría eran muy malas, y que había sacado pocas fotos de los compañeros de clase, la mayoría eran fotos de paisajes verdes y animales, cosas que no suelo ver donde vivo.
Después de eso no me atreví durante bastante tiempo a hacerme cargo de una cámara de fotos. Pensaba que no se me daba bien lo de retratar el momento adecuado (y sigo pensándolo).
En casa compraron la primera cámara digital en el verano de 2004, una Samsung de 3 Mpx y 3x de zoom óptico. Recuerdo que el primer día, después de leerme el manual, nos fuimos a sacar fotos mi hermana y yo para ver que tal era eso no estar pendiente del contador del carrete.
Pero no fue hasta que me fui de viaje de Erasmus cuando de verdad me entró el gusanillo completamente. Ni si quiera tenía cámara de fotos. La mitad de mi estancia en Londres la pasé con la cámara digital del móvil, un Sony Ericsson K750i, con la que hice bastantes instantáneas. En mi cumpleaños mi novia me regaló una pedazo de cámara, una Olympus µ700, con la que me sentía muy a gusto. El estar en un lugar tan distinto a donde vives hace que te fijes mucho en los detalles, en las cosas que te rodean y sentía una necesidad de retratar todo lo que me interesaba.
De vuelta en casa empecé a leer blogs sobre fotografía. Intentaba aprender técnicas, configuraciones, composiciones, todo lo que encontraba por mi camino lo leía y trataba de asimilarlo. Pero con una cámara automática no puedes hacer ni la mitad de las cosas que deseas. Aunque siempre se dice que lo importante es el músico no el instrumento, no es lo mismo tocar con una Les Paul que con una Samick.
Así que comencé a mirar diferentes cámaras reflex digitales y finalmente me decidí por la Canon EOS 400D con la que llevo unos 6 meses intentando aprender a manejarla.
Y esa ha sido mi evolución digital hasta ahora. Espero no sucumbir a la vorágine consumista que parece llevar asociada esta afición, y sobre todo al alto grado de actualizaciones que sacan las grandes marcas para hacerte creer que lo que tienes no es válido y que debes comprar el nuevo cuerpo o lente para poder hacer mejores fotos.
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